sobre mí
Del Pacífico al Adriático:
la travesía de quitarse
la máscara
La familia
Crecí en una familia con mucho amor, pero como la mayoría, herida.
Mi mamá trabajaba sin descanso para sostenernos. Durante la semana casi no la veíamos, pero cuando estaba hacíamos tareas juntas, conversábamos, y eso para mí era muy valioso.
Mi papá, en mis primeros años fue una figura que me daba miedo y aunque gran parte de lo que pasó lo olvidé, mis padres me enseñaron algo que tardaría décadas en desaprender:
que las personas o te hacen daño,
o no están cuando lo que necesitas es protección.
Esa creencia se instaló en mí como una semilla en tierra oscura.
Y yo, sintiendo el peso del cansancio de mi madre, decidí muy temprano no dar problemas. Ser buena. Ser perfecta. No molestar.
Ser la niña que todos adoraban. La que nunca fallaba. La que no sabía, en el fondo, quién era sin su máscara.
El encuentro
A los 14 años conocí a Max.
Y por primera vez alguien me vio.
O eso creí. Lo que sí era real es que me aferré a él con toda la fuerza de una niña que llevaba años sintiéndose invisible.
Lo que vino después fueron años de amor genuino mezclado con mucho dolor. Traiciones, distancias, silencios, una que otra tormenta grande.
Y yo, sin herramientas para comunicarme, sin saber cómo pedir lo que necesitaba, fui perdiendo hasta la última capa de esa máscara perfecta con la que me identificaba.
Quedé exhausta. Perdida.
Sin saber bien quién era yo sin el personaje que había construido.
El quiebre
Un día, de la nada, una melodía comenzó a resonar en mi cabeza.
Una canción que no recordaba del todo, solo un fragmento:
"para que no se muera este amor..."
La busqué. Era de un grupo chileno de los años noventa, famoso cuando yo tenía apenas seis o siete años.
Y cuando la puse, algo inexplicable ocurrió en mi interior.
Sentí, con una claridad que nunca antes había experimentado:
que esa canción no era un recuerdo aleatorio
Era un mensaje. Era Jesús buscándome.
Llevaba años sin rezar, sin conectar con esa fe de la infancia. Y ahí estaba Él, buscándome a través de una canción olvidada.
Ese día algo cambió en mí para siempre.
El nuevo comienzo
Ese mismo día tomé decisiones que cambiaron mi vida.
Dejé atrás cosas que me estaban destruyendo. Empecé a ir a la iglesia. Y poco después, llegó al mundo mi hija.
Mia Pascale
Nuestro milagro
En ese proceso, Max y yo comenzamos a aprender juntos. Nos dimos cuenta de que nuestra vida había sido una montaña rusa, pero que en el fondo quedaba amor genuino.
Aún había mucho por sanar, mucho por aprender a comunicarnos, pero algo fundamental había cambiado: ahora estábamos buscando solucionarlo, no solo sobrevivir.
La travesía real
Sanar no ha sido inmediato. No lo es nunca.
Max y yo hemos seguido en nuestra montaña rusa, aprendiendo a comunicarnos, a no hacernos la guerra, a construir algo real en lugar de pelear por sobrevivir.
En ese proceso descubrí el trabajo de Alison Armstrong, y de ahí nació Amor sin guerra — un camino que primero apliqué en mi propio matrimonio y que hoy quiero compartir con otras mujeres.
Porque lo que aprendí es esto:
Muchas veces no es que el amor no exista.
Es que no sabemos cómo habitarlo, porque tememos salir más lastimadas de lo que ya estábamos.
Así nació:
"Amor sin Guerra"
Un proceso real.
No perfecto.
Pero profundamente verdadero.
Croacia
Los tatarabuelos de Max emigraron desde Croacia a Chile hace más de un siglo. Cruzaron el mundo en busca de un nuevo comienzo.
Y ahora nosotros — sus descendientes, con nuestras propias heridas y nuestra propia historia — vamos a cruzar el mundo en dirección contraria.
Un año en Croacia.
Volver a las raíces de su familia.
Dos mares.
El Pacífico que nos vio nacer,
y el Adriático que nos verá renacer.
Este viaje es más que geográfico. Es el acto de seguir quitándome la máscara, seguir aprendiendo a amar sin guerra, seguir siendo más yo cada día.
Para ti, que llegaste hasta aquí
Si algo de lo que escribí resonó contigo, este espacio es para quienes han vivido desde la máscara y están listos — o casi listos — para descubrir quién son debajo de ella.
No prometo tenerlo todo resuelto.
Prometo honestidad. Prometo el camino real, no la versión perfecta.
Nos vemos en el Adriático. 🌊
— Paula
AMOR SIN GUERRA